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La salud reproductiva, entendida como el conjunto de factores que inciden en que una persona pueda tener un hijo, ya sea por métodos naturales o asistidos, no puede desvincularse ni de la salud en términos generales, ni de la salud sexual en sentido más concreto. 

Por eso, si estás pensando en quedarte embarazada o en tener un hijo con tu pareja, debes seguir ciertos hábitos saludables que ayuden a que tu cuerpo se encuentre en la mejor forma posible para facilitar la fecundación y el embarazo. Estos hábitos deben mantenerse de forma continua y por un largo período de tiempo antes de plantear el embarazo. Asimismo, incluso si ya has logrado el embarazo, deberías mantenerlos.

1. Dieta saludable y equilibrada

No se trata solo de contar calorías. Hace falta llevar un equilibrio entre las ingestas de hidratos de carbono, proteínas, grasas y oligoelementos (vitaminas y minerales). De esta forma aseguramos que el organismo recibe los nutrientes necesarios para acometer todos sus procesos metabólicos y para mantener el funcionamiento normal de todas sus funciones vitales: digestión, respiración, sistema inmunitario, aparato locomotor, sistema nervioso… Y, por supuesto, el sistema reproductor. 

Un exceso de grasa corporal debido a una dieta hipercalórica y alta en grasas, azúcares o ambos, estimula una mayor actividad de las hormonas androgénicas en la mujer. Esto se suele traducir, entre otros, en ciclos menstruales irregulares, un factor que complica las posibilidades de gestionar adecuadamente los días fértiles de la mujer.  La infertilidad ovulatoria, esto es, tener ciclos sin ovulación, se multiplica por tres en mujeres con sobrepeso y obesidad.  Incluso en caso de ovular, los óvulos pueden ser de peor calidad.

En hombres, la obesidad reduce tanto la concentración de espermatozoides en la eyaculación como la cantidad de líquido espermático.

En caso de embarazo, estos factores favorecen la aparición de hipertensión, diabetes gestacional, dificultades en el diagnóstico prenatal o complicaciones en el parto, que se traduce en un aumento de cesáreas. En embarazos por reproducción asistida la tasa de aborto involuntario es mayor en pacientes con obesidad que en aquellas con normopeso. 

Conoce las fases del proceso reproductivo

2. Ejercicio regular

La OMS recomienda realizar 150 minutos semanales de actividad física moderada. El deporte es un factor protector frente a la obesidad y otros trastornos metabólicos, como el ovario poliquístico. 

Asimismo, desde la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria nos recuerdan que practicar actividad física de forma regular reduce la incidencia de patologías psiquiátricas como el estrés, la ansiedad o la depresión leve. Estos estados dificultan el disfrute de una sexualidad plena y pueden complicar la consecución de un embarazo, así como una gestación saludable.

3. Abandonar el tabaco

Fumar empeora la salud cardiovascular y la respiratoria. Hay estudios que correlacionan el tabaquismo con una mayor incidencia de disfunciones eréctiles, sobre todo, a partir de los 40 años. 

La Sociedad Americana de Medicina reproductiva advierte que fumar afecta negativamente a la fertilidad. Si eres fumadora y te planteas someterte a un tratamiento de reproducción asistida, debes saber que, tras una estimulación ovárica, los óvulos pueden ser de peor calidad y que las tasas de éxito en una fecundación in vitro son un 30% menores en pacientes fumadoras.

4. Mantener horarios regulares

Llevar rutinas diarias a la hora de levantarte y acostarte, procurar realizar las comidas a la misma hora y de forma saludable, practicar ejercicio regular y dormir 7-8 horas, entre otras, ayudan a mantener el ritmo circadiano y los procesos metabólicos regulados por la alternancia sueño-vigilia. Actualmente se estudia la posible interferencia entre los trabajos en turnos nocturnos y la fertilidad.

5. Controlar el estrés

Tener problemas de fertilidad produce un tipo de estrés crónico conocido como ‘estrés emocional de infertilidad’.En episodios puntuales de estrés, realiza ejercicios de respiración consciente, meditación o yoga para reducir los niveles de cortisol.

Si la situación se prolonga en el tiempo conviene que busques ayuda psicológica profesional. Hay evidencias de que el abordaje emocional en casos de infertilidad o durante un tratamiento de fertilidad aumenta las tasas de embarazo final. Es una muestra más de que la salud reproductiva no puede desligarse de la salud mental ni de la del resto del cuerpo.

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