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Tanto si vas a hacer un tratamiento de FIV como una congelación de tus óvulos, o bien si eres donante de óvulos, habrás oído hablar de la punción ovárica. Pero, ¿en qué consiste exactamente esta intervención? Veamos antes algunas nociones sobre el ciclo reproductivo natural de la mujer. 

En cada ciclo menstrual, se reclutan un número limitado de folículos, que se ven por ecografía vaginal, y solo uno de ellos es el que crece, se selecciona, finalmente se rompe y sale el óvulo. Esto es lo que llamamos ovulación.

Sin embargo, en los tratamientos de fecundación in vitro, de preservación de la fertilidad o de donación de óvulos, no se trabaja con un solo óvulo, sino que para obtener el éxito deseado necesitamos un mínimo de 5 a 10 óvulos. Esto se consigue administrando determinadas hormonas en la primera mitad del ciclo para estimular así la maduración de los folículos que, en un ciclo sin estimulación, se hubieran perdido y sólo uno habría madurado.

Este proceso se denomina estimulación ovárica y será controlado por tu médico mediante ecografías y analíticas, con visitas a la clínica cada 2 o 3 días, durante aproximadamente 10-12 días. El objetivo es conseguir una respuesta ovárica óptima, es decir, que tengamos un buen número de folículos que hayan crecido y que podamos puncionar. Hay que tener en cuenta que el número de óvulos obtenidos va a variar en función de las características de cada mujer, de su posibilidad de respuesta al tratamiento (lo que llamamos reserva ovárica) y de las posibles patologías que puedan influir en el resultado.

¿En qué consiste la punción ovárica? 

La punción ovárica o recogida de los ovocitos es una pequeña intervención ambulatoria realizada en un quirófano, con sedación, y que tiene por objeto recuperar los óvulos del interior de los folículos, bajo control ecográfico y por vía tansvaginal, con un sistema de aspiración del líquido folicular.

Al final de la estimulación ovárica, cuando los folículos tienen el tamaño adecuado, se programa la punción. Para ello, el médico te indicará la administración de un fármaco que logra la maduración final de los ovocitos, y 32-36 horas después se realizará la punción ovárica, cuando los óvulos están ya maduros y se pueden recoger en el aspirado folicular.

Recomendaciones previas a la punción ovárica

El día de tu cita para la punción ovárica es muy importante que guardes ayuno absoluto (sin comer ni beber) durante las 6 horas anteriores a la intervención. Además, procura no llevar joyas, piercings, maquillaje, pintura en las uñas, ni perfumes.

También es recomendable, en la medida de lo posible, que acudas acompañada a la clínica, porque, debido a la sedación, puedes estar después algo obnubilada. 

Por lo demás, debes mantenerte tranquila y confiar en que estarás en las mejores manos. La punción ovárica es una intervención sencilla y nuestro equipo dispone de una experiencia muy dilatada practicándola, además de contar con la última tecnología para ello.

Recuperación tras la punción ovárica

Transcurrida aproximadamente una hora desde la punción, estarás en condiciones de abandonar la clínica.

Antes de ello, te informaremos del número de óvulos recuperados y te aclararemos cualquier duda que tengas. No obstante, nuestro servicio de atención al paciente  también contactará contigo a lo largo del día para controlar tu estado general.

Durante los días posteriores a la extracción de los ovocitos puedes sentir algunas molestias abdominales, por lo que, en ocasiones, puede ser aconsejable la toma de algún analgésico. También es normal presentar un sangrado vaginal escaso. Si estos síntomas fueran excesivos, debes ponerte en contacto con nosotros o acudir a tu centro de urgencias más cercano si suceden fuera de nuestro horario habitual.

En definitiva, la punción ovárica es un procedimiento muy sencillo y de corta duración, ya que supone generalmente de 10 a 15 minutos desde la administración de la anestesia hasta la finalización del proceso de extracción. La intervención se desarrolla de manera mínimamente invasiva, lo que significa que el tiempo de recuperación suele ser breve. Además, se hace bajo sedación, con lo que la paciente no siente ningún tipo de molestia y el riesgo de sufrir cualquier posible complicación es muy bajo.

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